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Herejes

1.- EL TAN CACAREADO CRECIMIENTO.                 Una expresión mágica en el modelo ultra-neo-liberal-capitalista es “crecimiento económico”. El gran objetivo es “crecer”. Ese es el tema con el que se nos inundó en estos años de liberal-menemismo, liberal-delarruismo y efemeismo-duhaldista.

Veamos primero que es crecimiento. Si en un pueblo muy pobre de mil habitantes alguien se saca el “Loto”, aunque no bajó la desocupación y 999 personas se sigan muriendo de hambre, los números macroeconómicos mostrarán que en esa sociedad hay más riqueza. Hubo crecimiento económico. Con este ejemplo quedan en claro dos cosas: a.- que el crecimiento económico no necesariamente genera aumento de trabajo y b.- que el crecimiento no garantiza un orden social justo. En verdad en el pueblito, como era de esperar, sólo sacó provecho la filial local de un banco extranjero.

2.- DESARROLLO Y BIENESTAR GENERAL. Frente al crecimiento, que es un concepto cuantitativo, hay que rescatar la noción de desarrollo, que es un concepto cualitativo, y que sintéticamente pude expresarse como crecimiento económico con justicia social.

Hay que recordar que el “bienestar general” –olvidada exigencia del preámbulo de nuestra Constitución Nacional– es fruto del desarrollo económico. El sistema de libre mercado sólo puede producir el bienestar individual de la minoría propietaria del dinero. El famoso ejemplo de la copa que al llenarse de riqueza, derramará algo sobre los pobres, no ha ocurrido en la realidad. El premio Nóbel de economía Stiglitz, que denomina “economía de la filtración” a esa postura, nos cuenta que los partidarios del neocapitalismo efemeista, cuando les preguntaban por los pobres, contestaban que “la mejor manera de ayudar a los pobres era conseguir que la economía creciera. Creían en la economía de la filtración, que afirma que finalmente los beneficios del crecimiento  se filtran y llegan incluso a los pobres. La economía de la filtración nunca fue mucho más que una creencia, un artículo de fe” (Stiglitz, El malestar en la globalización, pag. 119).

3.- MODELO ECONOMICO FALSO. ¿Por qué el liberal-capitalismo está imposibilitado total y absolutamente para generar bienestar a la comunidad en su conjunto? Sencillamente porque propone como objetivo el crecimiento. Y en el momento actual se ha coronado al modelo liberal-capitalista como el único sistema posible. Nos han convencido de que no hay otro camino que la economía de mercado. Para persuadirnos de la imposibilidad de otro modelo, los economistas del establishment se refieren a la economía liberal como “ortodoxia” económica. Todos los otros enfoques son llamados “heterodoxos”. Hasta Los sostenedores de modelos económicos diferentes al liberal se hacen eco de estas denominaciones. ¿Es esto inofensivo?

Hemos comprobado –diccionario de sinónimos en mano– que al calificar de heterodoxo a quien propone un modelo no liberal se lo está tildando de renegado, irregular, cismático, apóstata, descastado, traidor, desertor, extraño, desleal, sacrílego, hereje, contumaz, indócil, terco e infiel. No ser ortodoxo es ser todo eso. ¿Y cuál es la conclusión? Que aquel que piensa que la economía debe estar al servicio del ser humano, ¡es un hereje!

4.- LA NATURALEZA DEL LIBERALISMO. En el sistema liberal el verdadero interés de aquellos que controlan los medios de producción es hacer buenos negocios para sí mismos. En el mundo moderno el dinero, que nació como medio para el intercambio de bienes de consumo, se convierte en un fin, otra expresión de subversión. Y se ha llegado a una fase culminante del dinero: se ha creado la esclavizante “tarjeta de crédito” que –mediante mecanismos psicológicos inadvertidos– incita a endeudarse pues permite adquirir cosas sin el freno de no poseer papel moneda contante y sonante. Luego de endeudar a las naciones para quedarse con su patrimonio, ahora endeudan a los particulares, que perderán sus casas y sus campos.

Los resultados están a la vista. La pobreza se incrementa diariamente, hasta en las ciudades de los países “desarrollados”. Porque la empresa capitalista ha llegado a tal refinamiento que para obtener una buena rentabilidad no necesita producir bienes para satisfacer las necesidades de grandes conjuntos humanos. Basta con producir una cantidad módica para un sector pudiente de la población. Vender una “4×4” es más lucrativo que vender siete modestos autitos para laburantes.

En fin, es claro que nada bueno se puede esperar del liberal capitalismo. Fue una falsedad desde el principio. Ha llegado el momento de construir una nueva civilización edificada sobre un modelo socio-económico que implique una superación histórica de las fallidas ideologías economicistas. Se debe retornar al principio de que el hombre es el centro, principio y fin de la actividad económica y que el Capital ha de estar al servicio del bien común y no del lucro particular.

Es posible pretender una nueva civilización más humana, más justa. Ya hay gente en la Argentina que ha desarrollado programas económicos sobre lineamientos no liberales ni colectivistas, sino de orientación keynesiana, como propugna Stiglitz. Y hay países que están implementando programas económicos “heterodoxos”.

5.- MALASIA, LA DESAPARECIDA. Hasta hace poco tiempo Malasia era mostrada como el ejemplo de las delicias capitalistas. Nuestro presidente de esa época visitó al país asiático y volvió enamorado del maravilloso funcionamiento del capitalismo malayo. Malasia era el país a imitar.

Desde hace poco más de tres años Malasia desapareció de los diarios. Nunca más se escuchó una referencia a la situación malaya. Casi estaríamos sospechando que Malasia ya no existe ni en los mapas. ¿Qué  pasó con Malasia?

Resulta que en verdad Malasia no era ningún paraíso. La rígida aplicación de las leyes del libre mercado la había sumergido en un creciente deterioro económico y social. Lo mismo que sucede en todo lugar donde se cumplen los mandatos del FMI.

Ante la tragedia ¿qué hicieron los malayos? Pues, salieron de las recetas del FMI. Establecieron el control de cambios y de capitales. Prohibieron la entrada de capitales especulativos. Y han obtenido un innegable éxito. Malasia  se ha desarrollado y los malayos están mejor.

Con este sólo ejemplo se puede ver que hay alternativas a las políticas que impulsan los organismos financieros internacionales. El derrumbe final del perverso sistema financiero internacional está ahí nomás. Pero los poderosos de la tierra aún no dan el brazo a torcer, y mantienen una ficción de solidez por vía de la agobiante propaganda con que nos inundan diariamente desde los medios de comunicación masiva. Por eso no nos llegan noticias de Malasia. Pero Malasia está más viva que nunca. Sólo ha desaparecido de la televisión. Y no está sola. Los países del sudeste asiático la acompañan. “En 1997 Japón ofreció 100.000 millones de dólares para ayudar a crear un fondo monetario asiático que financiara las medidas de estímulo necesarias. Pero el Tesoro (norteamericano) se empeñó en aplastar la idea. El FMI lo secundó. La razón de la postura del Fondo era clara: el FMI era un fervoroso partidario de la competencia en los mercados, pero rechazaba la competencia en su propio terreno, y eso era el Fondo Monetario Asiático. Las motivaciones del Tesoro eran parecidas” (Stiglitz, El Malestar en la gobalización, pag. 163). “Siendo Japón, y posiblemente China, los probables principales contribuyentes al Fondo Monetario Asiático, sus voces predominarían, lo que representaría un genuino desafío al «liderazgo» –y al control– de EE. UU” (Stiglitz, obra citada, pag. 164). La iniciativa fue bloqueada por el FMI y el Tesoro pero el ahogamiento del fondo monetario asiático “aun es motivo de resentimiento en Asia” (Stiglitz, obra citada, pag. 165). Tres años después los países de la región han iniciado la construcción de una versión más modesta del Fondo Monetario Asiático, bajo el nombre de “Iniciativa Chang Mai”.

Los asiáticos no se rinden. Y la tienen clara. Uno de ellos ha dicho: “… a Malasia no le interesan los sistemas, sino los resultados. No  nos importa qué tan bueno sea un sistema: si conduce a malos resultados no tenemos por qué seguirlo. Que nos tachen de herejes si quieren. Estamos dispuestos a que nos tilden de ignorantes estúpidos que no comparten el instinto del rebaño. Pero si para nosotros los resultados son malos, hay que suponer que el sistema es malo, y que debemos deshacernos de él”. Así se expresó Mahathir bin Mohamad, Primer Ministro de Malasia, en la Sexta Conferencia Internacional Nikkei Shimbun sobre “El futuro de Asia”, realizada en Tokio, Japón, el 9 de Junio de 2000 (“EIR-Resumen Ejecutivo”, 2° quincena de Octubre de 2000).

Parece que ser hereje en estos temas no es malo. Otros pudieron… ¿y nosotros, qué esperamos?